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Portada de 'Prometeo cautivo'

Prometo cautivo

León Febres-Cordero
Prólogo de Olivia del Castillo
Fundación CITAP

Disponible a través de Internet:


Presentación

Tras cinco años dedicado a otras lecturas y escritos, León Febres-Cordero vuelve a propiciar un espacio, un lugar para leer tragedia. Nos traslada ahora a un ámbito cosmogónico, más allá de lo que ha sido iniciado, de lo que ha progresado, de todo lo que ha avanzado la humanidad, nos vemos ahora regresando a lo que el robo del fuego a los dioses significa y trae consigo y, claro está, a la pena que hay que pagar a los dioses«por una falta como ésta, para aprender a soportar la tiranía de Zeus y renunciar a [los] sentimientos humanitarios». Estas son las palabras que surgen de la Fuerza, que se representa con cuerpo que habla, a Hefestos, quien tiene que hacer cumplir la pena. La lectura de la tragedia nos traslada a un lugar donde no hay aún conciencia humanitaria, porque impera la divinidad, y, para ser humano, no se puede prescindir de vérselas con la divinidad. En ese lugar, en ese escenario se da la consciencia más cruda, más cruel, de lo que le depara al ser humano, a la mujer, al hombre. Desde el «desierto nunca hollado» de «la región extrema de la tierra», Esquilo nos arrastra a «ese confín, a su máscara de Prometeo, que no es otra que la suya», que no es otra que la de Esquilo, la de León, la mía, la de ustedes.

Olivia del Castillo